En una tribu de la etnia guaraní Mbya, vivía una joven. llamada Anahí por ser la menor de la familia, conocida por la dulzura de su voz.
Al arribar los conquistadores, la tribu de Anahí decidió defender su tierra nativa, pero fueron derrotados y Anahí cayó prisionera. Llevada al campamento español, logró en la noche zafar de sus ligaduras y golpeando a un centinela ganó el bosque, con tan poca suerte que volvió a caer en manos de sus captores. El soldado herido por Anahí murió; acusada de ser bruja, fue condenada a morir en la hoguera.
Atada a la estaca y encendidos los leños, Anahí, en medio de las llamas, comenzó a cantar una canción. Al amanecer, el cuerpo de Anahí se había convertido en un árbol hermoso del cual pendían racimos de flores rojas como las llamas que habían abrasado a la joven.14
Al siguiente amanecer, los soldados se encontraron ante el espectáculo de un hermoso árbol de verdes hojas relucientes, y flores rojas aterciopeladas, que se mostraba en todo su esplendor, como el símbolo de valentía y fortaleza ante el sufrimiento.
La leyenda
«Cuenta la leyenda que existió en nuestra selva mesopotámica una pequeña india llamada Anahí, que disfrutaba de sus tierras conociendo cada hierba, cada pájaro del lugar; y cantándoles con su armoniosa voz. Amaba la vida y cantaba como nadie, tanto que paralizaba de placer con sus melodías a cada pájaro, a cada animal, a cada habitante que la escuchaba.
Un día, su alegría de vivir fue apagada a la fuerza: el hombre blanco invadió sus tierras y se apropió de la tribu a la que pertenecía; Anahí, defendiendo a su pueblo, fue apresada, juzgada y sentenciada a morir en la hoguera. Asombrados en la oscuridad y ante las llamas enrojecidas, todos los que miraban la horrorosa escena comenzaron a escuchar la fuerte voz de Anahí, cantando sublimes melodías de amor a su tierra y estremeciendo hasta a la noche misma.
Al amanecer, los soldados no podían creer lo que veían: el árbol que había sostenido el cuerpo de Anahí estaba cubierto de flores hermosas, rojas como el fuego que había rodeado a la indiecita la noche anterior. Así, según la leyenda, nacieron las flores de ceibo, que tiñen de rojo intenso nuestra Argentina.”
https://www.vix.com/es/actualidad/170767/por-que-la-flor-nacional-de-argentina-es-la-del-ceibo
Con los primeros rayos del sol, se apagaron las llamas que envolvían Anahí. Entonces, los rudos soldados que la habían sentenciado quedaron mudos y paralizados. El cuerpo moreno de la indiecita se había transformado en un manojo de flores, rojas como las llamas que la envolvieron, hermosas como no había sido nunca la pequeña, maravillosa como su corazón apasionadamente enamorado de su tierra, adornando el árbol que la había sostenido.



